Evaluación independiente de medicamentos y la crisis

A veces sorprende leer que algunos medicamentos altamente dispensados o que tienen un fuerte impacto en el gasto farmacéutico del sistema de salud carezcan de eficacia clínica o que se aprobaron sin añadir ninguna ventaja terapéutica. Los medicamentos “no-innovadores” suelen ser nuevos fármacos que no aportan mucha (o ninguna) novedad en el arsenal terapéutico actual. Al ser nuevos, su precio es muy elevado y en general vienen de la mano de fuertes campañas de marketing y de promoción (centradas sobretodo a médicos de atención primaria). Es por eso que muchos profesionales sanitarios se plantean la duda siguiente: ¿en vez de hacer bajadas de precio sistemáticas de los medicamentos, por qué no desfinanciamos esos medicamentos “no-innovadores”?

La mayoría de la información que obtenemos sobre los nuevos medicamentos viene de la industria farmacéutica (visitadores médicos, congresos…). Los medicamentos nuevos son aprobados por las agencias estatales (EMA a nivel europeo o AEMPS en España) al demostrar que son seguros y eficaces, pero eso no quiere decir que aporten una ventaja terapéutica. Por eso que es importante la evaluación crítica de éstos y que haya un posicionamiento terapéutico. Hace tiempo que se pide un organismo tipo NICE en España y parece que con el nuevo RD este sueño se convertirá en realidad.

Hablar de evaluación de medicamentos es un deporte de riesgo (y sino se lo preguntáis a Cecilia Calvo Pita, ex-redactora de El Comprimido). Por suerte aún hay farmacéuticos y farmacólogos clínicos que se mantienen firmes e independientes en la evaluación de nuevos medicamentos.

Un ejemplo de esto son las últimas publicaciones de “El Butlletí Groc” que vienen con el nombre “Prescripció saludable de medicaments en temps de crisi” (Prescripción saludable de medicamentos en tiempos de crisis) donde reflexionan sobre uso de medicamentos en el sistema de salud. En su último número, examinan si determinados fármacos introducción reciente son verdaderamente innovaciones. Algunos de los datos que nos proporciona son los siguientes:

– Aliskiren (inhibidor de la renina, para el tratamiento de la hipertensión arterial) es uno de los fármacos con mayor incremento del gato respeto al año pasado con 2,5 M€ a pesar de que carezcan pruebas sobre su eficacia.

– Atorvastatina (inhibidor HGM-CoA reductasa, para el tratamiento de la hipercolesterolemia) fue el principio activo más prescrito  según importe con un gasto de más de 24 M€.

– No hay pruebas que los análogos de insulina sean superiores a la insulina humana. Aún así, la industria ha sacado poco a poco la insulina humana del mercado para priorizar la comercialización de los análogos (más caros).

– No hay pruebas que los nuevos hipoglucemiantes orales disminuyan la morbimortalidad asociada a la diabetes y las únicas “pruebas” que existen consisten en el efecto sobre la hemoglobina glicosilada, una variable subrogada en diabetes tipo 2.

– Los estimulantes beta-adrenérgicos de larga duración incrementan la incidencia de una variable combinada de muerte por asma, intubación o ingreso.

En conclusión, una vez más nos preguntamos si son necesarias más intervenciones sobre el precio de los medicamentos o si sería más adecuado intentar gestionar mejor nuestros recursos.